Hace mucho, mucho tiempo, que se encuentra lejos de mí, me doy cuenta lo mucho que la extraño, y necesito. Quisiera que fuera mía.
La conocí lejana, fría y sin rumbo, era del Tiempo y a él se debía, a él dedicaba sus notas y su luz solo alumbraba su existencia, tan delicada, tan frágil. Dejaba que la amaran, que la mimaran y se sintieran sus dueños, pero, toda ella, completa le pertenecía, era suya sin condiciones. No mucho tiempo atrás, en la adolescencia de la tierra se encontraron, él con su paso lento, avasallante, seguro y sin contratiempos. Capaz de surcar la tierra entera en un instante, con tal de volver a verla, o ajustar su camino para encontrarla justo en el instante en el que ella asomaba disimulada sus encantos.
Y sin embargo, a pesar de que solo elexistía para ella, de que sus caricias eran suyas, de haber visto la eternidad de un solo golpe, ella sentía un vacio, le hacia falta algo, pasaba mucho de su tiempo observando desde su posición a la tierra, le intrigaba, se le hacía irresistible y a la vez tan monótona, pues en su principio nada pasaba en ella, todo era normal hasta cierto punto, pero… sucedió, lo que nadie había previsto, algo inverosímil, que ni los cuentos más absurdos se atreverían a imaginar.
Pues la Luna, con toda su belleza, su elegancia, apariencia frágil y encantadora, en una sola palabra y para definirla de una mejor forma: “Seductora”. Fijo su mirada en una de las criaturas menos esperadas, su apariencia era más bien tosca, burda, con piel gruesa, descuidada, maltratado por el tiempo, el aire y el sol inclemente.

1 comentario:
A ver si ya te pones a terminar ésta madre.
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