Del triste recuerdo que las mariposas guardan del viento, la ilusión de volver a sentir por un solo instante, la delicada caricia del viento, las últimas de su especie, la que desea que el sol recorra todo su cuerpo, ver sus alas invadidas de luz y desgatar al viento en un último vuelo.
Ella la Mariposa.
Aun conservo en mis alas el recuerdo de un amor que termino abruptamente, un amor que solo conocía la pasión como medio para sentirse vivo. Un recuerdo que se vuelve cada minuto más doloroso, una despedida que nunca llego a consumarse, que no pudo terminar como los amores descritos en los viejos grabados de las tierras altas, que la sabia y vieja Mar-iposa relata.
Hace tanto tiempo de nuestro último encuentro, que no recuerdo con claridad nuestro último encuentro, la vida ha seguido caminando y el ha seguido su camino me abandono, me dejo vacía y desesperadamente enamorada, de sus caricias, su manera de recorrer todo mi frágil y hermoso cuerpo, la forma tan delicada, pero firme de hacerlo, dándole el tiempo necesario a cada parte, consagrándose a mí.
Como el Sol a la Tierra, despierta todos los días desde el inicio de la vida misma, así de esa forma nos llegamos a amar, o al menos eso era lo que yo pensaba, lo que necesitaba creer para entregarme a él. Mis energías, todas las concentre para él, mis desvelos no tenían otro nombre y mis pensamientos se encaminaban a su encuentro.
Lo deseaba como a ninguna otra cosa en la tierra, mis mejores noches fueron las de él, cuando amándonos sin frenos, nos entregábamos a la pasión, sus caricias llenaban mi espacio, su llegada era como un torrente de energía. Era paciente de mis gustos, le gustaba dilatar su placer, pues en el mío el encontraba felicidad, y yo me perdía en sus brazos.
Me llevo a lugares apenas imaginados, donde los colores se pierden, y la luz adopta figuras en el aire, para hacer juego con los amantes que se entregan lo mejor de sí, cuando el calor se confunde con el frio, los olores penetran hasta que duele, pero de los cuales no quieres desprenderte. Yo, le hice descubrir sus límites, el placer interminable de llegar al placer del otro, la increíble necesidad de dar, y no solamente de recibir, pues eso es algo inherente al ser.
Las mañanas se volvían limpias y despejadas al volver a asomarse el Sol, las flores que se engalanan para que el Viento las acaricie, y él como parte de su trabajo les devuelve el favor, y esparce su polen a las demás, ellas ignorantes de la dicha de volverse parte de él.

1 comentario:
Eres...una...mariposa???
Pinche PUTOOOOOOO!!!! El Joel es PUTOOOOO!!!!!!!
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