Solo y sin noticias de ti, de tu cuerpo, que alguna vez me perteneció, que delirante de placer me entregaste sin medida, abrazándote a mí, solo nos falta detener el tiempo y su marcha inexorable. De tú mente, que solía escaparse con la mía, a galaxias remotas e inexploradas, esas que solo en la imaginación podrían tener cabida, que se necesitarían más de 100 vidas para llegar a ellas, de tus manos, que con su suavidad me dieron el cobijo buscado, ese que se encuentra solo en lugar al que podemos llamar hogar, pero sobre todo porque… Todo yo, me encuentro sin ti.
Antes de ti, el tiempo solo pasaba, las noches iban y venían, el viento solo vagaba, sin tener un lugar donde descansar, las musas escaseaban y no había motivos para cantarle al mundo, para contar historias. Mi vida transcurría como la de cualquier otro, sin prisa, sin sobresalto, parecida más a una muerte cercana, que a una vida vivida. Es difícil de explicar el cambio, pues este sucedió en el instante mismo en que entraste por la puerta.
Así, cuando percibí tú belleza, el movimiento de tu cuerpo, la cadencia de tus caderas, el perfume que despides en cada paso, tu larga y hermosa cabellera, de la cual no encuentro las palabras para describir, mis dedos afanosos relatores de mis travesías, ahora se encuentran enfrascados, ausentes y distantes de lo que en mi cabeza se desarrolla. De disfrutar de ti, tú compañía, tus sabores, que despiden cada centímetro de ti, cada poro de tu piel, tiene esa pequeña esencia, ese olor que me vuelve loco y me hace disfrutar, no hay forma de describir, tardaría más de una vida intentando describirlos.
Es por eso que mi cuerpo te necesita, que mi mente viaja constantemente a las galaxias visitadas, para ver si en alguna de ellas te encuentras tú, esperando por mí, por aquello que todavía siente mi ser, eso que ahora me hace sentir desafortunado, triste y solo. Pero que sin dudarlo es lo mejor que le pudo pasar a un tipo como yo.

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